¡Te vas a caer!

¡Ten cuidado!

Son algunas de las frases que nos salen de forma automática cuando estamos acompañando el movimiento de nuestros peques y percibimos un peligro.

Nos hemos criado escuchando estas frases, que nuestros mayores nos decían con la mejor de las intenciones, pero que ahora nos cuesta no repetirlas.

Veamos con un ejemplo lo que puede cambiar una situación concreta si la acompañamos de otro modo:

Tu peque está en el parque y se sube a un lugar que aparentemente no te hace sentir seguro o segura.

Opción 1. Verbalizas «¡Cuidado! ¡Vas a caerte!», tu peque percibe «No soy capaz», se siente inseguro y termina cayéndose o desistiendo en aquello que estaba intentando.

Opción 2. Te sitúas cerca de él/ella, en un lugar donde si se cae puedas intervenir por su seguridad. Si no te ve, no dices nada. Si te ve, verbalizas «Estás alto, prefiero estar cerca por si me necesitas. Confío en que puedes hacerlo». Tu peque percibe que es capaz, pueden suceder dos cosas en este punto, que se caiga y lo sostengas y quiera volver a intentarlo, o que no se caiga y lo logre a la primera.

No es fácil cambiar el lenguaje que nos ha acompañado en nuestra infancia, esa mochila de experiencias va con nosotros siempre, pero poco a poco, podemos ir trabajando en modificar estas pequeñas cosas para acompañar a nuestros peques de la forma más positiva posible. 

Lo estás haciendo bien, solo detenerte a leer este artículo ya implica que tienes la mirada en mejorar en tu crianza.